¿Qué es la obesidad? y ¿Por qué debería preocuparnos?

Por Franco Barrera - Prep. Físico y docente de ISAFyD

Contextualización, concepto y clasificación

La obesidad ha sido reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS) recién en 1979. Así, la OMS refuerza la noción de la obesidad como una enfermedad atento al crecimiento de las enfermedades crónicas no transmisibles (hipertensión arterial, diabetes, dislipemias y obesidad) y declara a la ‘epidemia obesidad’ como un problema sanitario global (OMS, 1994; en Cappelletti A., y Katz M., et al., 2018).

Según la OMS es posible estimar que cada año fallecen en el mundo alrededor de 3,4 millones de personas adultas como consecuencia del exceso de peso y la obesidad. Se puede atribuir al exceso de peso enfermedades asociadas como la diabetes (44%), las cardiopatías isquémicas (23%), y entre el 7% al 41% de la carga de ciertos tipos de cánceres (Ministerio de Salud, Argentina, 2017).

En particular, en Argentina la última Encuesta de Factores de Riesgo (publicada en el año 2019) arrojó que el 61, 6 % tiene exceso de peso, el cual 36, 2% presenta sobrepeso, y el 25, 4% obesidad. Asimismo, hubo un crecimiento de la glucemia elevada y la diabetes hacia un 12, 7%. Estos datos se encuentran en consonancia con un aumento de la actividad física baja del 64, 9%.

La OMS define sobrepeso y obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.   En particular, nosotros consideramos que esta definición de obesidad es incompleta, debido a que no gráfica la extensión de esta problemática que avanza hacia aspectos muy complejos y que no solo se materializan a través de ‘una acumulación anormal de grasa que puede ser perjudicial para la salud’.

Nos parece interesante la definición de Cappelletti A. M., et al. (2018), que definen a la obesidad como:
Enfermedad crónica multicausal que afecta el equilibrio neuro- inmuno-metabólico y psicosocial. Su condición inflamatoria, a partir del aumento de tejido adiposo disfuncional, explica el nexo con sus comorbilidades’

 

Se concluye entonces que los genes aportan una predisposición para el desarrollo de la obesidad, pero no condenan al individuo a ser obeso, sino parece el medio ambiente generar los estímulos capaces de permitir tal expresión genética. Como tal, el medio ambiente es factible de ser intervenido para la prevención y el tratamiento de esta patología.

Sin dudas que la obesidad no resulta ser una enfermedad crónica no transmisible, a pesar de que es denominada así, decimos esto porque la consideramos contagiosa.

Las costumbres son contagiosas, la comida nos une, nos relaciona, ciertamente comemos de acuerdo a las costumbres que hemos heredado, nos encontramos histórica y socialmente condicionados en nuestra forma de relacionarnos.

Las relaciones familiares se encuentran a travesadas por la energía, por la comida. Basta con ver el abordaje en la obesidad infantil, un niño no es obeso porque quiere, sino que su contexto es obeso, su heladera es obesa, su relación con el movimiento y la actividad física es obesa, entonces cómo llega un niño a ser obeso, habría que analizar la conducta de sus progenitores, de su familia, de sus amigos, de la escuela, es decir, de su entorno.

En un estudio llevado a cabo por Framingham entre 1971 y 2003 en donde se analizaron 12.067 personas, se observó que la ganancia de peso de un sujeto se encontraba asociado al aumento de peso de una persona cercana, así encontraron que la probabilidad que un individuo se vuelva obeso aumentó en un 57% si su amigo se volvía obeso, 40% si un hermano llegaba a la obesidad, y un 37% si su pareja se volvía obesa (Cappelletti en Cappelletti y Katz et al., 2018).

La evidencia apunta que la duración del sueño es un importante regulador del metabolismo y el peso corporal. Existe un relación entre la poca cantidad y calidad de horas de sueño y el desarrollo de enfermedades como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, además del aumento de peso (Cappelletti en Cappelletti y Katz et al., 2018).

La regularidad del sueño es clave, al parecer, cuando esto se pierde, se produce una alteración en los ritmos hormonales naturales, esto aumentaría los niveles de distrés, además parece elevar la influencia química de los mediadores que aumentan el apetito.

En el año 2006 se publicó un estudio denominado Association between reduced sleep and weight gain in women, llevado a cabo por Patel et al., (Am J Epidemiol. 2006 Nov 15;164(10):947-54. Epub 2006 Aug 16.) en el cual se analizó la relación entre las horas de sueño y el aumento de peso corporal en mujeres. Se analizaron 68.000 mujeres por el lapso de 16 años, llegando a los resultados que aquellas que dormían entre 5 y 6 horas por noche, ganaron más peso que aquellas que lo hacían ente 7 a 9 horas.

El avance de la tecnología inclusive está modificando los mecanismos termorreguladores naturales y su relación con la transferencia de energía. Así, durante épocas de calor, nuestro organismo disminuye los niveles de apetito (anorexígeno), para poder regular el metabolismo en relación a la temperatura ambiente. En épocas de frío, aumenta nuestra temperatura corporal debido a la actividad del tejido adiposo pardo, de hecho existe evidencia que en épocas de frío es más fácil descender de peso, (aunque también aumenta el apetito).

La utilización de aire acondicionado y calefacción modifica los mecanismos naturales de termorregulación alterando los patrones que ayudan a mantener la homeostasis (equilibrio), de esta manera podrían favorecer el aumento de peso corporal y la desregulación del apetito y la transferencia de energía.

Medioambiente y obesidad

Los cambios operados en el medio ambiente, y por, sobre todo, el ritmo en que se están dando estos cambios, se encuentran en consonancia con la aparición de múltiples enfermedades y trastornos.

Como dijimos la obesidad es un trastorno multicausal, a decir de Capelletti (et al., 2018), ‘aún hoy persiste la creencia errónea de que solo se trata de comer mucho y moverse poco…’, nos lleva a reflexionar y a preguntarnos ¿qué rol tiene la genética en la obesidad? ¿el estrés y las enfermedades? ¿los trastornos del sueño? ¿realmente la obesidad es una enfermedad crónica no transmisible?¿las nuevas tecnología impactan en el equilibrio biológico de los seres humanos?.

Es cierta la frase que reza que ‘los genes lo cargan pero el medio ambiente los dispara’, de tal manera, que los genes cumplen un rol en la predisposición para la obesidad, pero el entorno o el medio ambiente facilita o no su expresión.

Beltrán Miranda C., (en Cappelletti y Katz et al., 2018) indica que ‘existe un consenso acerca de que el 65% de la variación de la obesidad es de origen genético. Por lo tanto, la predisposición a su desarrollo se presenta en mayor prevalencia entre individuos genéticamente relacionados. De hecho, los hijos de padre obesos poseen del 50 al 80% de probabilidad de desarrollar la enfermedad.’

Sin embargo, a pesar de que nuestro genoma se ha mantenido estable en los últimos miles de años, la obesidad creció enormemente en las últimas tres décadas, lo que deja de relieve el impacto de los cambios ambientales. Es dable resaltar, que no todos los individuos engordan de la misma manera aunque compartan un mismo ‘entorno obesogeno’ (Valenzuela A., en Bauzá et al., 2007).

Para graficar la relación genes y medio ambiente la literatura especializada (Valenzuela A, en Bauzá et al, 2007; Wilmore, Costill, Kenney., 2015) menciona la experiencia de los Indios Pima. Esta etnia se encuentra separada geográficamente, una ubicada en los Estados Unidos y otra en México, aquella porción que se ubica en los Estados Unidos dejaron de cultivar la tierra y comenzaron a ingerir una dieta occidentalizada de alto contenido graso, se volvieron una sociedad muy obesa, con una incidencia del 64% en hombres y del 75% en mujeres, con una gran prevalencia y predisposición a la diabetes. Mientras que parte de la etnia que vive en México se mantuvo activa en granjas sin utilizar máquinas a motor, además, poseen una dieta baja en grasas y relativamente alta en carbohidratos, lo cual les permitió mantener el peso normal. Esto deja patente que los Indios Pimas a pesar de compartir un mismo genotipo adoptaron diferentes estilos de vida que provoco diferentes expresiones genéticas.

Bibliografía:
http://www.who.int/es

Cappelletti A., Katz M., Obesidad, encrucijadas y abordajes. Edit. AKADIA . Año 2018

Bauzá C., Céliz O. y Cols., Obesidad. Causas, consecuencias y tratamiento. Edit. El Ateneo, 2007

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